viernes, 6 de abril de 2012

GACETA INFINITA

Carancheros.. Atravesamos este-nuestro tiempo eternamente presente, al que de todas formas nunca llegaremos a atrapar para detenerlo, analizarlo ni comprenderlo. Quizás generaciones futuras nos miren, nos comprendan y nos interpreten, entendiendo realmente qué somos hoy nosotros y qué hacemos en nuestro día a día. No pretendemos caer en lugares históricamente comunes sobre este tema del tiempo que tanto y tan bien ya lo han pensado otros con autoridad, no es este espacio para ello. Solo es para poner en marco lo que pretendemos decir: la única que nos queda a nosotros con respecto al tiempo es vivirlo. Vivirlo lo más intensamente posible, aprovecharlo lo mejor que nos dé nuestra capacidad, dejar la huella más honda que podamos. Solo así sabremos que estamos viviendo. Y el Carancheo sin dudas que es vivir intensamente… el Carancheo sin dudas ya ha dejado una huella en nuestro recorrido.

Hablamos de nuestro tiempo, de este tiempo tan atravesado por las comunicaciones, por la velocidad, por la potencia enceguecedora de la imagen por sobre todos los otros modos de comunicarnos. La imagen que silencia las palabras, la imagen que reemplaza los textos, la imagen que nos apura, que nos empuja y que a la vez nos detiene frente a la pantalla.

Signos de este-nuestro tiempo, sin dudas. Si bien La Gaceta siempre trató de poner un freno a tanta velocidad, y poner un poco de reflexión sobre los encuentros de carne y hueso a través de un relato o de alguna locura del Poeta, tampoco es tan ingenua ella (la Gaceta digo) como para ir en contra del espíritu de su tiempo. Vivimos acá y ahora, y la imagen es una parte muy importante de nuestra comunicación. Y entonces amigos, La Gaceta tiene hoy también para compartir con ustedes algunas imágenes que nos quedaron de los últimos carancheos y de los días que los rodearon. Quizás ellas digan más que todas estas palabras que aquí volcamos.

¿Sabían ustedes que al Carancheódromo se subía los miércoles por la tarde, cuando todavía el sol calentaba para ver que esté todo en condiciones e ir preparando el terreno?... ?sabían cómo se veía el Carancheódromo entonces cuando todavía le pegaba el sol?... ¿sabías vos?...

En la terraza del edificio Pichincha UNO el ritual también empezaba un buen rato antes de que llegue el “colectivo caranchero”. Pero acá era más difícil que todavía nos pegara la luz del sol. La verdad que no sé bien por qué existía esta diferencia, pero así arrancaban estas historias. Muchas tardes y muchas noches encendiendo el fuego, destapando un vino y poniendo un disco a la espera de la compañía. Lindos momentos de las terrazas… y sí, ya sé, al final en La Gaceta siempre terminan aflorando las palabras por más que nos esforcemos… pero vale el relato igual, y vale el esfuerzo.

Tenemos también algunas buenas fotos de la noche que nos despedimos del Carancheódromo. Así como habíamos compartido en La Gaceta anterior fotos de la inauguración, ahora tenemos las de la noche de la despedida.

Esta por ejemplo es muy parecida a una de la noche inaugural en la que todos cantábamos y saltábamos, y de tanta energía positiva que desplegamos hicimos que se viniera un cacho de techo abajo… cuanta comunión, no?... y mirá que me acuerdo que en esa época A2d estaba encarando una producción grande de lámparas y entonces estaba la mesa de laburo llena de mercadería… justo sobre eso cayeron aquellos grandes pedazos de cielorraso…

Y está esta otra que es muy buena:

Sería la imagen que ve el borracho que “medio fisura” se iba a sentar un rato en el mojinete que daba hacia el patio de abajo… si habré estado allí… La visión es medio desde abajo, con el Carancheódromo en primer plano y un revoloteo de muñecos que hablan en pequeños grupos, todos a volumen alto. Si miran bien van a ver que esa noche había unas estrellas increíbles…

Esta otra es más bien típica…

La foto de los borrachos que dicen “dale, dale, dale” y pum, sacan una viste… con los vasos en la mano, mal encuadrada, medio movida… con el flash despojando de todo clima posible… pero ahí están los pibes y sus caripelas. Valen esas caripelas, nos dicen algo.


Esta otra es más bien fantasmal. Con bastante exposición para que se vea a pesar de la noche, y entonces los pibes se desdibujan, y se encienden como un fuego. Una típica imagen de la terraza entrada la noche…con auras revoloteando las cabezas carancheras.

También tenemos algunas imágenes de la última noche en la terraza del Pichincha UNO, un reducto mucho más prolijo y con un carácter distinto al del Carancheódromo, pero que también supo hacer las veces de telón de fondo de nuestros encuentros cuando la sede original comenzó a decaer.

Algunos pibes brindando, con un prolijísimo muro de ladrillo visto de fondo que diferenciaba claramente a esta sede de la de A2d.

Esta otra que refleja la hora del postre, en donde vemos a un concentrado Rogna Castro sirviendo a los fantasmas hambrientos que lo rodean.

Y tenemos esta última, ya cuando la noche se cerraba, y la última tanda que quedaba aún en el asunto se disponía a posar para que quedara registro de ese último encuentro en Pichincha.

Amigos carancheros: queremos expresar desde este espacio un agradecimiento sincero y profundo a todos los que bancaron los trapos del carancheo a través de innumerables noches, tanto en las terrazas de A2d como en la del Edificio Pichincha UNO.

Han sido momentos intensos, de alto nivel emotivo y de mucha comunión. Quedan guardados recuerdos indelebles, que siempre sacaremos a relucir orgullosos cuando haga falta compartir historias de asados, de encuentros, de amigos y, por qué no, de hazañas.

Para mí como organizador, ha sido un lujo tener un equipo como ustedes semana tras semana aguantando y sosteniendo esta bandera. Y ha sido también un placer enorme transpirar esta camiseta, ya sea eligiendo y poniendo la música, preparando y acondicionando el espacio, prendiendo el fuego o asando la carne. Si no fuera así nunca hubiera hecho todo lo que hice.

El agradecimiento desde ya que va a todos los que contribuyeron con su aporte a que esto fuera posible, y todos son todos los que estuvieron, ni más ni menos. Pero no quisiera dejar de mencionar aquí especialmente a nuestro DIOS Caranchero (nunca le hubiera gustado que lo mencionemos así), nuestro querido CHOPER que tanto ha hecho por esta historia y que tan lejos se nos fue. Él era siempre el primero en llegar y el último en irse. Él estaba todos los miércoles barriendo la terraza, subiendo las cosas y prendiendo las luces… y además de eso, se tomaba el tiempo necesario para preparar sus tortas, tan oportunas los miércoles, de las que tanto hemos hablado ya.

Las mudanzas traen estas cosas, se gana en algunos sentidos y se pierde en otros. Quedan atrás estas dos sedes que supimos disfrutar tanto. Fuera de joda y también fuera de todos los formalismos, gracias a todos por acompañar y por estar, ya que si ustedes no estuvieran toda esta historia no hubiera tenido lugar.

Con la camiseta del carancheo puesta, hoy más que nunca…

con la llama eterna de las terrazas de Pichincha ardiéndonos adentro del pecho…

con los recuerdos imborrables de las tortas del Choper, y de los panes del Rogna…

con el sabor silvestre de las verduras de Tom Berenguer, y con la compañía madrugadora del Turko Oliva…

con la resaca del jueves que siempre nos pesaba…

con la ilusión del martes que el miércoles avecinaba…

con el olor a humo en el pelo, y con la cabalgata en el balero que nos llevaba hasta la cama…

con la remera que nos hizo el Larry

con la alegría inmensa de haber propiciado tantos encuentros…

y con la ilusión intacta de que vendrán muchos más…

con todo eso, y por todo eso… SALUD Y GRACIAS!!!...